
La simulación de operaciones, clave para potenciar la rentabilidad
La gestión de las incertidumbres se ha convertido en uno de los principales desafíos de las entidades financieras en la era moderna. Especialmente en lo concerniente al manejo de carteras de financiación de amortización larga, en las que los imprevistos pueden cambiar por completo el signo de una operación: cobros que se retrasan, costes que se mueven y una perspectiva cambiante que propicia que el valor final de un contrato ya no sea el mismo que cuando se firmó.
Este hecho adquiere un valor de especial relevancia en productos como el leasing, renting, factoring y confirming, en los que la planificación y anticipación no son cuestiones de orden secundario, sino más bien aspectos diferenciales. Es por ello que la simulación de operaciones surge como una herramienta vital, destinada a recrear escenarios hipotéticos y proyectar de forma previa el comportamiento de las carteras bajo condiciones de mercado diversas. No se trata de un mero ejercicio predictivo sino de explorar futuros posibles.
Los datos al respecto no dejan lugar a dudas. En este sentido, un reciente informe de la consultora internacional McKinsey señala que las entidades que en los últimos años han modernizado su forma de decidir el crédito a partir de información prospectiva han logrando reducir sus pérdidas entre un 20% y un 40%.
El contexto económico actual, además, urge a las entidades financieras a protegerse y reforzar sus sistemas de prevención de riesgos. Hace apenas unas semanas el Banco de España alertó de un repunte en el riesgo de impago de créditos con vistas a los próximos ejercicios. En concreto, la institución señalaba que la probabilidad de impago de deuda bancaria había aumentado 39 puntos desde el tercer trimestre de 2024.
A eso se le suma una realidad a la que se enfrentan numerosas empresas en nuestro país. Un buen número de compañías ha experimentado demoras en sus cobros a otras empresas. El último barómetro de prácticas de pago elaborado por la multinacional Atradius así lo señala, cifrando en un 51% el peso medio de las facturas vencidas sobre las ventas a crédito en España, con un 7% de deudas incobrables de media.
En esta tarea, contar con indicadores fiables que permitan prever imprevistos es más que necesario. Pero también lo es hacerlo de la forma adecuada. Ya no sólo basta con disponer de números, sino de reunirlos todos en un mismo sitio y hacerlos trabajar juntos. Cuando la información de clientes, operaciones y cobros se encuentra en un mismo lugar y está sujeta a cruces, las proyecciones pueden dejar de ser una tarea estática para convertirse en algo vivo.
Un calendario vivo de tesorería y la simulación de plazos marcan la diferencia, porque convierten lo imprevisto en algo gobernable y permiten reordenar a tiempo pagos, compras y prioridades de cobro antes de que la tensión llegue a proveedores o a costes financieros.
Un entorno que simula proyecciones permite detectar antes dónde se abrirá la brecha, distinguir entre un retraso puntual y un riesgo real y activar diferentes vías de actuación: adelantar confirming para proteger relaciones críticas, ordenar prioridades de recuperación donde hay más probabilidad de éxito, ajustar condiciones en operaciones nuevas para absorber el riesgo y dejar huella de por qué se ha elegido cada movimiento. La diferencia no está en adivinar el futuro, sino en llegar antes de que el problema pueda producirse.
Llevar esta cuestión al día a día significa trabajar sobre un tablero común que centraliza servicios y fuentes, donde cada supuesto queda registrado y cada ajuste se ve al instante. Conviene tener en cuenta que minimizar las dudas en torno a lo que hay —y lo que puede venir— no sólo es importante para protegerse, también lo es para poder desarrollar una estrategia operativa que potencie el rendimiento de cada cartera. Y por tanto, el negocio de activo incremente su rentabilidad.
Por todo ello, resultará conveniente apoyarse en sistemas especializados que permitan extraer el máximo partido a los datos que las entidades albergan y faciliten el cruce de parámetros hasta hace poco insospechados. Aunque pueda sonar complejo en realidad no lo es. Los directivos que entiendan el valor estratégico de invertir en herramientas de simulación de operaciones no solo estarán adoptando una tecnología de vanguardia, también estarán construyendo el futuro de sus organizaciones.




