
Así funcionan los sistemas multiagente: la IA aterriza en el back office
Los sistemas multiagente de inteligencia artificial están llamados a ser la próxima gran transformación en las empresas. Su funcionamiento puede asemejarse con el de un equipo de Fórmula 1 durante una parada en boxes, en la que cada mecánico domina una tarea concreta, interviene en el momento preciso y coordina su actuación con el resto para que el coche vuelva lo más rápido posible a pista. En otras palabras, la rapidez que se aprecia desde fuera surge de que cada especialista conoce con precisión su tarea y de la coordinación general del equipo.
Esta lógica puede trasladarse al sector financiero y, en particular, a la tramitación de expedientes. Así, un agente de IA recibe y clasifica la documentación; otro extrae los datos necesarios; un tercero comprueba que la información está completa; y otro la contrasta con las condiciones establecidas. El trabajo conjunto de estos agentes permite al sistema, además, detectar anomalías, solicitar la información pendiente o remitir el caso a un profesional en caso necesario.
Esta forma de proceder abre una nueva etapa en la adopción de la IA en las empresas. Durante los últimos años, las compañías han incorporado sistemas capaces de redactar documentos, resumir información o resolver dudas de los profesionales. Los sistemas multiagente permiten avanzar hacia procesos en los que las distintas funciones se distribuyen entre agentes especializados que comparten el contexto y actúan bajo criterios previamente definidos.
Esa forma de trabajar puede ayudar a resolver uno de los principales problemas que tiene el sector financiero con el back office. Buena parte de las tareas continúa dependiendo aún de revisiones sucesivas, comprobaciones manuales y consultas entre diferentes aplicaciones.
La IA generativa –la más extendida y cuyo máximo exponente es ChatGPT– puede ser un apoyo en esas tareas puntuales. Ahora bien, completar una operación en el sector financiero conlleva consultar varias fuentes, aplicar reglas internas, actualizar los propios sistemas, gestionar excepciones y determinar cuándo se requiere la intervención de un profesional. Es en ese recorrido donde todavía se encuentra buena parte del potencial pendiente de esta tecnología.
Esa diferencia entre la adopción y la integración operativa se ve reflejada en el estudio “El estado de la IA en 2025” de McKinsey. Según el informe de la consultora, el 88% de las organizaciones utiliza la IA generativa en al menos una función, pero sólo una minoría ha comenzado a escalar agentes inteligentes dentro de sus procesos. Dicho de otro modo, la IA ha logrado entrar con rapidez en las compañías, aunque solo de manera superficial, sin desplegar todo su potencial en los flujos de trabajo diarios.
Esta evolución exige delimitar con precisión la función que se le brinda a cada agente. Una cuestión especialmente relevante, ya que según apuntan las previsiones de Gartner, al finalizar 2026, hasta el 40% de las aplicaciones empresariales incorporarán agentes especializados frente al menos del 5% que representaban en 2025.
Cuando esas funciones están bien definidas y los agentes trabajan de forma coordinada, el sistema puede acortar los tiempos de tramitación, detectar antes la documentación incompleta y evitar que una incidencia avance sin ser atendida. A medida que determinadas comprobaciones se automatizan, la intervención de los profesionales se concentra en las excepciones, los casos que requieren interpretación y las decisiones más sensibles.
El alcance de esta transformación dependerá, en buena medida, de superar la fragmentación del back office. Un entorno integrado, capaz de conectar las fuentes y sistemas de la entidad, permite que agentes y profesionales trabajen sobre el mismo expediente y mantengan la continuidad del proceso.
La información generada en una fase queda disponible para las siguientes y cada actuación queda registrada. Cuando surge una excepción, el profesional recibe el historial del expediente y el motivo de la incidencia, sin necesidad de reconstruir el análisis desde el principio. Esta continuidad mejora la eficiencia al evitar que se repitan comprobaciones o se rehagan tareas ya completadas.
El back office será uno de los primeros espacios donde se mida el verdadero alcance de esta tecnología. La ventaja competitiva surgirá de convertir procesos fragmentados en una operativa continua, trazable y capaz de absorber un mayor volumen de actividad sin que la carga administrativa crezca en la misma proporción. Cuando los agentes inteligentes formen parte del propio engranaje y el criterio profesional intervenga en los puntos críticos, la IA empezará a mostrar un potencial que hasta ahora apenas ha logrado desplegar dentro de las organizaciones.




